Verdaderas Historias de Futbol
por Pablo Médina Cofré
Hace mucho tiempo atrás vi una entrevista
que Iván Zamorano dio a un canal de televisión argentino, en
donde contaba su paso por segunda división: “En el ascenso daban
duro” fue lo que dijo. Pero en tercera división la cosa es más
ruda.
Mientras continúa la cuenta
regresiva para mi examen final, fui hoy al estadio a ver el
“clásico” del fútbol de la frontera: Malleco Unido de Angol
versus Iberia de Los Ángeles. Estos dos equipos, y estas dos
ciudades, se toman algo en serio este encuentro, por lo que no
es raro que hoy el estadio de Angol haya tenido una gran
afluencia de público: 1300 espectadores controlados con una
recaudación de un poco más de un millón de pesos.

Acá la fiesta es como en pueblo chico: la gente llegando con
tranquilidad, sin detectores de metales ni nada por el estilo.
Las dos radios AM de la ciudad (tenemos FM’s por si acaso)
transmitían este gran encuentro. Con una cortina musical rasca,
como aquellas de las radios de Santiago de hace veinte años,
Radio Los Confines comenzaba a transmitir desde el Estadio
Alberto Larraguibel Morales (llamado así en honor al hijo
ilustre de la ciudad, quien tiene el record mundial de salto
alto a caballo, con 2,47 m)
Las tribunas son de primera categoría: en
la escala de las maderas podridas, no hay nada como ellas, pero
igual soportan nuestros fornidos cuerpos agazajados por toda
clase de estofados, asados y cazuelas que nos gusta consumir en
estos lados de nuestro país.
Volver al estadio es volver a mi
infancia. Los mismos próceres de siempre están acá en algún
lugar de las tribunas o alrededor de la cancha. Cuántos partidos
vine a ver con mi papá, … cuántas pichangas armé con otros
niños, cuántas bebidas tomé, y cuántas puteadas tiré en este
recinto.
Pero igual nos hemos modernizado:
tenemos mejor sistema de amplificación, y ya no se le pone el
micrófono al parlante de la radio casette para escuchar música
en los entretiempos, ya que los CD players y las mesas
portátiles de sonido llegaron para quedarse. Donde guateamos
como campeones es con los números para los cambios: ni soñar con
la pizarra electrónica, así que nos debemos conformar con
letreros de cholgúan mal pintados.
Las “barras bravas” también se
hicieron presente: Los Boca Sekas de Iberia son bastante
organizados, brindando buenas salidas a su equipo, a pesar de
que pocos barristas vinieron al encuentro. La verdad, no
recuerdo el nombre de la de Angol, pero hace como 14 años atrás,
eran muy famosos “Los de acá”, con un grito muy ordinario, que
me veo en la obligación de escribir en el cyberspacio:
“Atención los de acá,
vamos a hacer el amor,
sin compasión, sin condón
a XXX pelá con la XXX pará.
Ceachei, chi, le, chi chi chi, le le le,
Malleco Unido de Chile”
Esto es para que vean el nivel cultural de
la zona.
Mención especial merece “El
Coligüe”, el curadito simpático que siempre llega a alentar a
Mallequito. En todos los partidos recorre las tribunas tratando
de organizar al público, con muy mal resultado. También Coligüe
ha sido objeto de la modernización, ya que hoy llegó con un
bombo, y una botella plástica en la mano para percutirlo.
¿Se han fijado que no he hablado de
futbol?
Malleco estuvo a punto de subir a
primera división por allá a comienzos de los años 80, pero por
falta de infraestructura de su estadio no se pudo. Hasta el año
1988 Malleco jugó en segunda división, y el descenso a tercera
división lo jugó no más ni menos con Audax Italiano, el mismo
equipo que este año jugó la Copa Libertadores y que el año
pasado salió segundo en el torneo de clausura. Desde entonces,
deambulamos por los potreros.
Estuvimos a punto de volver a
segunda división, el 15 de diciembre de 2002, cuando jugamos con
Trasandino en Los Andes. Yo estaba viviendo en Estados Unidos
con mi familia por ese tiempo, y por Messenger le avisan a mi
hermana que Malleco le estaba ganando 3 a 2 a Trasandino, y con
eso volvíamos a la 1era B.
Copio textual del diario La Cuarta
la razón de nuestra desgracia:
“Pero en Los Andes, con el golazo del
portero local Alberto Valencia,
casi de la mitad de la cancha, Trasandino consiguió el
empate 3 a 3 y dejó a los sureños pateando la perra y pataleando
contra el saquero, ya que con ese gol se esfumaron los sueños de
irse por un tubo a la Primera B”
Como
en el minuto 47 del segundo tiempo, me contaron después, que
este arquero en un intento desesperado vio a nuestro golero algo
adelantado, y pateó con fe, logrando lo imposible. Días después
quedaba la última oportunidad en Puente Alto frente al equipo de
Copiapó, pero Malleco, desmoralizado, perdió como por 6 a cero.
En parte entiendo a los jugadores de aquel entonces.
Hoy
tuvimos mejor suerte, ya que nos quedamos con el clásico, 2 por
cero, con muy buenos goles, a pesar que no mucha claridad
futbolística se vio en el partido en ninguno de los equipos.
Volví al estadio con mi papá y mi primo chico, en auto, no como
lo hacíamos con mi viejo hace ya varios años atrás. Lo más
importante de todo, es que en esencia, todo sigue igual, y eso
de alguna manera, me gusta.
Material
obtenido gracias a la colaboración de nuestro amigo Pablo
Medina Cofré y su blog Memorias de un Memorista